MIA. CUANDO UN DUEÑO ES UN HERMANO
Hay lazos profundos que se tejen entre el ser humano y el animal. Algo que excede la benevolencia y la hospitalidad. Sentimientos bruñidos en oro y tapizados con lapizlázuli que recorren un túnel de afectos y sentires.
Cuando el animal siente que el hombre todopoderoso comparte con él, su cama, su comida, su tiempo, advierte que no es cuestión de status. Es cuestión de amor y de valía.
Es abrir el corazón en un acto contrito y seguro, al que nos cuida y nos guarda en todo momento.
Por eso, cuando Mía salió del Spa, sintió que seguía estando integrada como antes, pero el fleje invisible del amor y la lealtad, era más flexible, pero también, tan duro y resistente como el bronce.


